miércoles, 4 de noviembre de 2009

De princesas y planetas...

Sucede que aquella noche, como tantas otras, me hallaba perdido, sin rumbo, buscando en los ojos de los caminantes algun destello que ilumine la oscuridad que me rodeaba... Ni siquiera la mas fiel de mis compañeras de camino habia logrado acercarme algun indicio de felicidad, no habia forma alguna que sus dulces cuerdas puedan susurrarme al oido, como tantas otras veces, aquella palabra de aliento que me despierte de tamaña letania... ustedes mejor que nadie saben, queridos familiares y amigos, que a veces me canso de ser hombre, y tu compañia se me hace tan necesaria en esos momentos...
Asi, con tamaño cuadro desalentador, entré en aquel bar a buscarte como te busque aquella noche en tantos otros, con el temor impliscito de encontrarte custodiada por unos brazos que te supieran convencer y que no fueran los mios... La barra, de una madera ya desteñida por el tiempo y por tantas historias de amores naufragados en algun vaso de ron, se la podia ver al final del pequeño salon, y en medio del mismo una mesa, de aquellas que alguna vez vimos en esa pelicula que nunca supimos el final, porque la combinacion de tu piel y mi colchon era mucho mas interesante...
En ella, sentado con la mirada perdida en algun lejano momento, estaba un hombre... solitario, con la única compañia que le podia brindar un vaso medio vacio y un Jhonny Caminante de etiqueta casi tan negra como aquella noche... Me miró sin ver, su cara hizo una mueca un tanto extraña, de aquellas que hacemos cuando estamos resignados... Mi intención era llegar hasta el último rincon de la vieja barra, tomar alguna bebida espirituosa, preferiblemente con gusto a menta, y preguntarle al cantinero si por algún milagro de la vida no habia visto tu dulce figura pasearse por alli... pero aquel extraño con rasgos de niño y barba raida no me dejó... Me sente a su mesa.. aquel joven anciano ni siquiera atino a levantar su cabeza... De repente un impulso por hablar se apodero de mi...le pregunte por vos, si por alguna puñetera casualidad no te habia visto pasar por ahi... le conte que te habia perdido y que no habia forma de encontrarte... le dije que mi planeta sin su princesa habia perdido el color...
Entonces levantó sus cansados párpados, me miro a los ojos fijamente (aún el escalofrio recorre mi espalda) y una mueca de dolor se dibujo en su rostro.. "Que sabes vos de princesas y de planetas pibe...." me dijo...
Levanto la mano y, casi automaticamente, el cantinero- mozo- propietario de aquel antro me acerco un vaso... Mi compañero de ocasion lo lleno con lo poco que quedaba del whiski de su botella y se acomodo para hablar...
Me contó que él, una vez, habia sido principe de un planeta lejano... uno pequeño, a varios años luz del nuestro... en él se destacaban tres volcanes que de pequeño solia limpiar absolutamente todos los dias de su vida.. También habitaban su planeta una bella rosa, la mas hermosa de todo el universo, y una maldita cabra que tenia como unica misión en la vida tratar de comerse aquella imponente flor... El caso es que él amaba su planeta, era inmensamente feliz en este pedacito de roca que vagaba por el universo... de mañana se sentaba a ver el amanecer por un lado y de tarde solo tenia que darse la vuelta para ver morir el sol en el horizonte... Alli, este principe componia canciones y escribia versos... Pero un dia, un nefasto dia, se le dio por salir a conocer el cosmos, a visitar otros planetas, a buscar algun amigo, y por que no, tal vez una compañera que deseosa, pueda convertirse en la princesa de su pequeño mundo... Asi, con su valija llena de sueños y utopías, partio mi amigo... Pero tuvo la mala suerte de caer en nuestro planeta... Apenas puso un pie en esta tierra conocio un hombre que intentaba de todas las formas posibles arreglar un ave de metal, por lo que los intentos del joven principe por tratar de enlazar una onversación coherente con éste resulto una tarea imposible... luego conocio un zorro, que prometio ser su amigo por el resto de sus días y resulto huir, de rompe y raje, con otro personaje, quiza mas adinerado, quiza menos soñador... Pero lo realmente doloroso le sucedio cuando conocio aquella princesita, de esa gran ciudad, hija de un bondadoso rey... El flechazo hirio a los dos por igual, o acaso es lo que este visitante del espacio sospecho, porque comenzaron una bella ralación, siempre a escondidas de su padre... es que ella le decia que aquel venerado rey no aceptaba que ninguno de sus súbditos tenga relacion con extraños que no pertenezcan a sus tierras y conozcan sus costumbres. Aquello de verdad les importaba poco a los dos amantes, sentian que juntos podian parar el mundo con solo un beso....
Todo iba demasiado bien; tanto que aquella noche él la habia citado en este mismo bar donde nos encontrabamos ahora, en esta misma mesa, para pedirle de una vez y para siempre que se transforme en la reina de su pequeño planeta... en la compañera que tanto habia buscado y que por fin habia encontrado... en su amada esposa... Era un principe feliz, listo para dar el gran paso.
La noche llego por fin, mi amigo estuvo puntual a la hora señalada, vestido con el traje de gala de su planeta: conjunto de seda color marfil, capa roja y dorada, corona adornando su rubia cabellera llena de risos...
Se acomodo en la mesa, todo estaba listo para el gran momento, cerraba los ojos y la veia reir sin parar al momento del Si... ya sentia el perfume de su piel al momento de abrazarla...
Paso el tiempo y su princesa nunca llegó...
De repente y sin razon desaparecio como por arte de magia... ya no frecuentaba los lugares donde juntos habian sido felices...
El trato de encontrarla, de contactarla de todas las maneras posibles pero... pero ella no queria ser encontrada.... tal vez por temor a no saber que excusa darle al pequeño enamorado.. quizas todo lo que ella le habia dicho aquellas tardes interminables, aquellas noches apasionadas no era mas que promesas que nunca iba a cumplir, simplemente un monton de patrañas... eso nunca lo sabremos queridos caminantes...
Cansado ya de buscarla, el principe, defraudado de este planeta y sus habitantes, decidio quedarse sentado en la mesa que iba a hacer las veces de testigo del magico momento que nunca jamas llego... tal vez esperando el dia en que, sin esperarla, su amada abra la puerta de aquel viejo bar y se arroje en sus brazos, suplicando su perdón con lagrimas en los ojos... todos sabemos a esta altura del relato que él la perdonaria, como cualquiera de nosotros lo hemos hecho alguna vez....
Por la única ventana del lugar se veia que la luz del dia le ganaba a las tinieblas de la noche... estaba amaneciendo...
Alli se quedó, mas cansado y mas viejo, aún esperando a su princesa...
Yo también me quedo aqui... aún esperándote.....


1 comentario:

Felipe B dijo...

Compañero!! el destino de los hombres es la soledad. Ya lo dijo el gran Borges: "Tu materia es el tiempo, el incesante tiempo, eres cada solitario instante".

Hay que amigarse con uno mismo y de vez en cuando reconocerse en algún caminante y con una mirada cómplice, comprender que nos une el mismo destino.

Salut!!