viernes, 18 de septiembre de 2009

Cronica 3: En el último asiento del lado izquierdo...

Sucede que hay algo que me llamo poderosamente la atención en mi ultima visita a la ciudad de los corazones solitarios... y es la velocidad con que sus habitantes transitan por sus calles, cruzan sus avenidas, suben y bajan de los enormes elefantes de metal.. en resúmen, cómo estos personajes ven pasar la vida a 100 km por hora, y me dio una profunda tristeza.... Es que el vivir a ese vertiginoso ritmo hace que se pierdan de vista detalles tan hermosos, tan cotidianos, que hacen de este un mundo mucho más maravilloso... y es que, por solo citar un ejemplo, en aquella esquina, la del frente, una parejita de jovenes enamorados se funden en un beso que paraliza el mundo que los rodea... rien como rie mi pequeño escudero de dos años y seis meses, y la vida se les antoja tan facil, son tan invencibles que nada los puede separar... me recuerdan tanto a otros dos jovenes (ya no tan jovenes), hace tanto tiempo atras... pero aqui nadie los ve, nadie observa este pequeño milagro que peligrosamente pasa desapercibido para el resto de los mortales que, con esa cara de mansa rutina, viajan por estas calles...
Desde mi esquina tambien puedo ver como un niño, quiza de 8 o tal vez 9 años, se pasea con una desgastada pelota de futbol entre sus pies, haciendole una gambeta al hombre del traje gris... y al futuro, como cuando eramos pequeños y nos creiamos el Bati, o el Enzo, o cualquier superheroe de pantalones cortos, y no nos importaba ni el precio del dolar, ni las retenciones, ni leyes dictaminadas por este gobierno militar disfrazado de constitucional que nosotros elegimos....solo nos importaba enamorar al angel que se sentaba en el banco de adelante del colegio utilizando las mas bajas artimañas que el amor ha aceptado jamás, como aquel casette grabado, que lucia orgulloso las dos cintas que tapaban sus huecos, transformandolo en eternamente regrabable.. o alguna arrojada carta de amor dejada dentro de su cartuchera durante el recreo... era vital para nosotros llegar a casa a tomar la leche chocolatada y ver las aventuras del chavo del ocho, que ironicamente, eran exactamente las mismas que habian visto nuestros viejos hace ya décadas atras...
Es doloroso saber que perdimos de vista los pequeños detalles, que nos preocupan mucho mas cosas realmente insignificantes...
Pero no todo es gris en esta ciudad... es que, al subir al colectivo, a ese que me dejaria cerca de cualquier esquina, a cinco cuadras del resto del mundo, te vi... sentada al fondo, en el ultimo asiento del lado izquierdo de ese ya jodido elefante... por tus ojos pasaba la voragine de la opaca ciudad, cual si fuera una pelicula del cine mudo... es que, aunque tu cuerpo estuviese alli, tu no... y yo quise saber donde estabas...
Me sente a tu lado, estaba convencido de que el destino, Dios, o quien quiera que maneje los hilos, habian permitido que ese asiento permanezca vacio, solo por la simple razón de que, tal vez y solo tal vez, yo fuera el hombre de tu vida y tu la mujer de la mía... Es que eras, a simple vista, tan perfecta... si hasta el aroma de tu perfume, más que seguramente regalado por algun pretendiente de ocasión, se me antojaba tan familiar... de repente, mientras el herido paquidermo seguia su cansino paso, por mis ojos paso como un relámpago mi vida a tu lado... el casamiento, los hijos, los nietos, las peleas, las bellas y calurosas reconciliaciones... hasta nos vi muy viejitos, en un banco de algun parque....
y de repente, te paraste... el corazón me dio un vuelco... me tocaste el hombro... es el momento de la declaración, sabía que el flechazo te habia herido a vos tambien... lo sabía...
" Flaco, permiso, me dejas pasar que me tengo que bajar aca??? "... exactamente esas fueron tus palabras, que lejos estaban de tener algo que ver con el amor...
Y asi te fuiste de mi vida, fugaz, como habias llegado...
Y yo, mas cansado y mas viejo, me baje cuatro o cinco esquinas mas adelante, donde dos amantes seguian con la dura mision de convencernos que otro mundo es posible... y el pequeño de nueve años soñaba con jugar un mundial...
Aún me sigo subiendo al mismo viejo y cansado animal, con la vaga esperanza de encontrarte sentada en el último asiento del lado izquierdo... y nunca jamas dejarte bajar....

1 comentario:

Ricky dijo...

Los habitantes de las grandes urbes tienen más para mirar, pero cada vez ven menos...
¿Será por eso que como uno de ellos disfruto tanto cuando salgo de vacaciones???